25.7.06

“Ser poeta es también una incesante, una continua búsqueda. Es buscar, por medio de operaciones simbólicas, la recuperación de una unidad perdida, de la libertad esencial en la que es posible vivir todas las metamorfosis, todos los tiempos, todas las asociaciones.”
Olga Orozco, 1980

en carne viva


éste es mi tatuaje nuevo
¿quién me lee las líneas de la mano?
dónde está el silencio





el espacio en blanco de la página
al final de cada verso




qué hay ahí




qué cosas dice




cómo gime




cómo suena







¿comunica algo?

24.7.06

skyline - 5AM


bailé bailé bailé para despojarme de ansiedades y violencias innecesarias. bailé para comunicarme mejor conmigo misma, para entender las cuestiones de mi cuerpo y sus antojos. después el tejado y el primer sol de la mañana, y una ciudad que quedaba a la distancia tan cercana, tan pequeña, al alcance de un dedo índice que señalaba alegremente, como si todo fuera suyo.

(foto: "tejado 523 knickerbocker av" 7/23/2006 por Fernando del Val)

16.7.06

fiesta

ni una sola foto de la fiesta, ni un solo poema. aun cuando la cámara tenía las baterías recargadas y nunca olvidé el lenguaje totalmente. el tiempo conspiró contra mí, hizo todo lo que quise. los minutos se alargaron esta noche, la concurrencia intentaba con dificultad improvisar un baile ceremonial en un techo sin dioses. yo quería salir de mi cuerpo, ser un fantasma, tener un silencio con música que aprendiera por fin a comunicarse. tengo tantas botellas vacías.

14.7.06

mientras tanto

limpio los anaqueles de la casa
sacudo el polvo
de las cosas afectadas
por el tiempo y el olvido
escribo palabras con los dedos
en las ventanas sucias

13.7.06

escritura automática: placer

hace días que no leo los periódicos. estoy viviendo al margen de la historia. al margen de las cosas importantes. todo es una subjetividad tan egoísta, tan golosamente universal, tan solitaria. vivo en esta libretita, en sus hojas de colores, con un ciclo lunar hermanándome con los poetas de todas las galaxias, con esta luz lunar llena de samba y percusión. con la cabeza soñando con un sábado y cerveza y una fiesta con parlantes y ver el salir sol. vivo soñando, hedonista como soy últimamente, con un cuerpo de agua que me limpie de todo mal por dentro, de todo mal la sangre, de todo mal el soy.

8.7.06

Montréal



Desconocidos en Downtown Montréal
3 de julio, 2006

"Mi corazón es absurdo como una máscara en la lluvia
El espanto lo asemeja al mar
Mi cuerpo es una invasión de tambores en el silencio de la noche"

Alejandra Pizarnik


las palabras son las sobras del tiempo


hay palabras que no significan nada
otras que significan tanto más

justo después que han acabado de decirse


ven, hablemos
hablemos de nada en particular
hablemos con esta lengua que no sabe hablarse todavía

22.6.06

back in the mood

Anoche A. entró a mi cuarto y me dijo léete esto. Y me entregó la edición 13, num. 6 de una revista 'vice'. Vice es de distribución gratuita. En la contraportada y las primeras cuatro páginas tiene publicidad: siete mujeres musulmanas, vestidas todas de negro, contra una pared blanca y un suelo arenoso, sosteniendo dos bolas de fútbol marca puma. En la contraportada está la foto de las nalgas de una nena que modela el 4313 Thong de American Apparel. La chamaca tiene los pantalones a media pierna y un par de botas de subir monte. Sigo leyendo. Después me interesó uno de los artículos , que diagramaba todas las piezas de ropa y cada uno de los objetos que cargan encima dariamente los policías. Como los libros de ciencia, cuando te explicaban las partes del cuerpo. Busqué el diagrama para ponerlo aquí, pero parece que no lo tienen en la versión online, qué pena. Online tampoco salen los anuncios. Después de quince minutos A. volvió a entrar, eesta vez preguntando '¿lo leíti?' Estoy en esas- le dije. Estoy en esas.

8.6.06

actos criminales


Ese viernes salí de casa con mis últimos diez dólares. Como había cambiado de trabajo recientemente, todavía no tenía un patrón regular de cobro y andaba súper pelá. La metrocard del mes se me había acabado y compraba mis viajes en tren uno a uno. En la mañana había gastado dos dólares para llegar a Chinatown. A eso de las once compré un café para calentar motores. Luego fui con una compañera a un mercadillo japonés que nos quedaba cerca y almorzamos sushi. Me importó poco gastar casi todo lo que me quedaba. Una no debe ser estinche en la carencia; además era viernes. Más todavía, el saber popular me garantizaba que dios aprieta pero no ahoga, que al mal tiempo buena cara y que barriga llena corazón contento. Ya me las resolvería a la hora de volver a Brooklyn.

Cuando salí de trabajar me quedaba solamente un dólar en el wallet. Rebusqué en todos los bolsillos del abrigo y la cartera, pero sólo logré juntar 59 centavos más. Necesitaba 41 chavitos adicionales para encaramarme en la plataforma del subway de regreso a casa. Caminé diez bloques buscando la manera de conseguir las monedas que me faltaban. Ni modo, iba a tener que pedirle dinero a algún desconocido. Practicaba mi pitch mientras reunía valor para acercarme a alguien. ¿Sería mejor pedirle a un hombre o a una mujer? ¿A un muchacho negro con un durag o a una vieja blanca y emperifollada? ¿O mejor le pedía al chinito que vendía vegetales justo alfrente de la parada? Miraba al suelo de vez en cuando, quizás tenía buena suerte y me encontraba un par de vellones tirados junto a alguna alcantarilla.

Sin embargo, un bloque antes de llegar al tren sucedió algo increíble. Pura leche. Es verdad que la fortuna obra por senderos misteriosos. Justo cuando pasaba frente al banco, la pantalla del cajero automático leía, en llamativas mayúsculas color blanco sobre un
iluminado fondo azul, 'do you want to make another transaction?' No podía ser cierto. Era una oportunidad demasiado tentadora. Mi reacción fue inmediata. Miré a todos lados, me paré frente a la máquina y apreté el botón de 'yes'. Retiré 50 dólares y la máquina volvió a preguntar la misma cosa 'do you want to make another transaction?' Pensé 'que se joda' y saqué más dinero. Dos veces. De pronto, tenía de sobra para ir a casa, comprar yerba, e invitar a cenar a mi jevo, mi primo, mi vecina y mi roomate. Tal vez hasta para pagarnos un paseo al Six Flags de New Jersey durante el fin de semana.

Cuando la máquina me devolvió la tarjeta noté que tenía un símbolo de libras esterlinas y un nombre de mujer en inglés. Asumí que la dueña tenía que ser alguna turista británica. Pobrecita. Echaría maldiciones cuando notara que había perdido su plástico. Rompí la tarjeta en ocho pedacitos y los tiré a los rieles. Había cometido un acto criminal y no había manera de que me pasara nada.

culpas

De una u otra forma, todos los involucrados tenían algún tipo de relación con R. Por eso ella insistía en que todo había sido culpa suya. Sentía que había arrastrado a su novio, a su hermano y a su amiga hasta la cárcel gracias a su terquedad. Si se hubiera quedado callada, si hubiera sabido tratar con la policía, si no hubieran ido a aquel bar, se reprochaba.

Ahora su amiga tenía problemas judiciales por haber querido defenderla. A. había perdido la cabeza mientras el oficial la jamaqueaba contra la pared. Su hermano había viajado desde California para celebrar su graduación con ella y había terminado con la nariz quebrada a manos de un policía. Todo por su culpa. I was so naive before, decía. En un fin de semana había perdido diez libras de ingenuidad y aún así, lo que sentía en el cuerpo era un peso indefinible, una carga amarga y difícil de llevar. ¿Qué significaba todo aquello? ¿Habían sido, de verdad, víctimas de brutalidad policial, grave y descarada? ¿Podían acaso serlo abiertamente, bajo un poste de una avenida transitada?