5.9.07

(fragmento)

Para Campbell, la “meta del mito” radica en la reconciliación de la conciencia del individuo con la voluntad universal (218). El temazcal también tiene esta meta como uno de sus objetivos principales. Es un espacio de recreación del Universo, donde cada gesto, movimiento, o elemento constituye una simbología mística que busca acercarse y reconciliarse con las verdades unificadoras del mundo. Al entrar a la bóveda, el guerrero enuncia en voz alta las siguientes palabras: “Ometeotl. Por todas mis relaciones”. La palabra nahuatl “Ometeotl” significa la dualidad masculina y femenina de la divinidad. Al decir “por todas mis relaciones” se invoca la fuerza de la sanación unificadora. Al entrar al círculo, el guerrero está en contacto con absolutamente todos los componentes del universo, animados o inanimados, con los que se relaciona.

En términos estructurales, el temazcal ceremonial representa el Cosmos. Está construido en forma circular con 12 o 16 juncos enterrados en la tierra que dividen el espacio en cuatro partes que representan las cuatro direcciones y los cuatro elementos, dejando un espacio en forma de estrella en la parte de arriba. Este espacio simboliza el “ombligo del mundo” y sirve para comunicar la tierra, el fuego eterno, y las fuerzas celestes. Puede decirse, entonces, que esta construcción busca “limitar el escenario del mundo en el espacio” (248). Quien acepta la llamada, es capaz de integrarse a este “centro de gravedad espiritual” y entrar en un estado de comunicación directa y potente con las fuerzas creadoras de la Naturaleza (60).
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de Campbell sudando: La aventura del héroe y el rito del temazcal [ensayo para clase, en reacción al libro El héroe de las mil caras, de Joseph Campbell (Mexico: FCE, 2000)].

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