27.8.07

ceremonias

durante la ceremonia, me deshice y me volví a modelar. no exagero cuando digo que en el transcurso de un día, del amanecer al atardecer, tuve la oportunidad de nacer con un sol que sale por atrás de una pirámide y de morir por la tardecita, derretida, con la cara pegada a la tierra, aprendiendo a respirar, a pedir, a entrar en sintonía con un dios que es el mismo, a la larga, de todos los discursos. entre nacer y morir dormí todas las horas. después, en la tiniebla, aprendí otra vez a ser el fuego, a recuperar todas las palabras cantando, simplemente cantando, a mirar los ojos de los hombres, a compartir. la voz en grito, en risa, en llanto, fui capaz a duras penas, poco a poco, de integrarme a una comunidad que no reconoce tiempo ni lugar.
no sé cómo llegué a ese cerro lleno de maestros shamanes y medicinas y ceremonias antiguas. participar es una responsabilidad que una asume casi a la ligera, sin medir el fondo último de cada cosa del entorno. yo aprendo con dificultad a ser más perceptiva, a mirar adentro de mi propio corazón con honestidad, con inocencia, con humildad. purificarse es una decisión que se cruza en tu camino y uno nunca sabe. después, como para lograr que la experiencia se impregne en el cuerpo literal y sea ineludible, la piel queda más suave y se puede respirar más hondo.
ometeotl. por todas mis relaciones.

3 comentarios:

Xavier Valcárcel dijo...

entre nacer y morir dormí todas las horas.


es hermoso!

Anónimo dijo...

Un saludo y una gusto muy especial encontrarte...otra vez...de otra manera.¡Tantos colores que tenemos las mujeres!¡Tanto por compartir!
Un beso.

Lorena Illoldi dijo...

Bien le dije un día a mi mexirrican favorita, en una tortería escondida, que en estas aztecas tierras el sol y todos los Dioses le tenían su metamorfosis esperándola.
A ver qué sale del cascarón.

besos amiga, y fumemos, qué más...